Lo mejor será que empiece desde el principio.
Un sábado, como otros muchos, se encontraban las calles mojadas pues no había dejado de llover en todo el día. Mis amigas y yo decidimos ir al cine del centro comercial. Compramos las entradas de la película “Eragon” (es que a mis amigas les gustaba el protagonista) palomitas y chucherías. Nos sentamos en la última fila del cine y a mi lado se colocó un chico que había venido con sus amigos. Maite, al verles, pasó por delante de ellos y tiró su bolsa de gominolas disimuladamente. Uno de ellos, para burlarse , le dijo que se apartara, que no les dejaba ver la película porque era una gorda. Maite, muy ofendida, se volvió a su asiento. Irene , que es muy guapa, les pidió sus Messenger y ellos se los dieron. Luego, preguntaron por los nuestros.
En cuanto terminó la película, nos fuimos corriendo al “Eroski” a comprarnos unos bollos. Salimos del centro comiéndonoslos y justo estaban ellos fuera.
Cuando llegué a casa, me conecté a mi Messenger y comprobé que uno de los chicos también estaba conectado, así que estuvimos un rato hablando. Luego, me despedí porque mi madre me requería en el salón.
Al día siguiente me conecté sobre las cuatro y hablé con mis amigas. A las cinco estábamos en la plaza hablando de nuestras cosas. A las seis, aparecieron esos chicos que se sentaron cerca de nosotros. A Irene le dio por hablar con ellos por lo que tuvimos que presentarnos. El chico con el que había hablado por el Messenger, se llamaba Jon y era un año mayor que yo. Era como cualquier chico: pelo marrón claro con brillos y ojos marrones. De anchura era normal y medía un poco más que yo. Me pareció un chico agradable y majo, aunque lo malo fue que, ese día, sin querer, me rompió uno de los bolsillos de mi chaqueta preferida. Lo veía todos los fines de semana.
Un día Jon me pidió para salir y yo acepté encantada. El viernes a las siete en la fuente de la plaza. Lo malo fue que mi madre me castigó todo el fin de semana por decir un taco, así que le mandé un sms excusándome (me apené tanto que no volví a hablar en toda la semana siguiente). Él me llamó y me dijo que era una pena, que se había preparado para la ocasión
Desde que le vi me enamoré de él. Él fue mi primer amor. A la semana siguiente, (que no pude quedar por un bautizo que tuve), me llamó Irene al móvil. Estuvimos un rato hablando. Yo le dije que estaba rara y ella me contó que había ocurrido algo horrible que a mí me iba a fastidiar mucho. Le dije que me contase, porque estaba muy intrigada. Pues parece ser, que entre esos chicos hicieron una apuesta para ver quién conseguía salir conmigo. Un acto deshonrado por su parte.
Creí que jamás se lo iba a perdonar, pero al cabo de dos semanas empecé a excusarle diciendo que no había sido culpa suya. Aún recuerdo cuando mis ojos se llenaron de lágrimas.Desde entonces, cada vez que me venía la inspiración, escribía un poema de desamor. Sé que mi historia es algo triste pero ahí no acaba. Después de un año seguía pensando en él, uno de los días pasó por delante de mí. Se puso un poco colorado y yo muy nerviosa, pues mi corazón se puso a palpitar a cien por hora. Fue algo increíble. Era como estar en un cuento de hadas. Esa tarde me conecté y hablé con él, como siempre, muy majo. Le pregunté por la apuesta. Él me contestó que no me iba a contar nada, por lo que me enfadé y le dije que no tenía lo que había que tener para decírmelo. Él me respondió que me lo diría si le salía de la “nariz”. Al final, me preguntó si quería saberlo porque me iba a hacer daño. Yo le dije con insistencia que sí.
Parecía ser que, uno de sus amigos, le dijo que le daría cinco euros si se liaba conmigo y aceptó. Pero después de una semana decidió darle los cinco euros y puso la excusa de que yo no le gustaba. Ese “gustaba” me hizo reír podía significar que le gusto… (suspiro).
A la mañana siguiente, hablé con él cara a cara. Le dije que estaba harta de nuestro comportamiento, que parecíamos críos de parvulario con tanta tontería. Por último, se me escapó y le dije que le quería. Mi cara se puso roja como un tomate, por lo que bajé la cabeza. Pasaron unos minutos y, sin decir nada, se fue. Le grité que era un idiota, que le gustaba hacer daño a otras personas. Las lágrimas asomaron por mis ojos, él me miró y siguió su camino. Me empecé a encontrar mal y me dio un bajón de autoestima y otro de tensión. Me quedé en el suelo sentada sobre mis piernas sin poder moverme. Después de lo que a mí me parecieron un par de segundos (en verdad fueron cuarenta minutos), comenzó a llover con intensidad. Mi pelo se quedó pegado a mi rostro, el maquillaje se me iba poco a poco, el rimel se corría por mis mejillas. Noté que alguien me llamaba por mi nombre, pero no me moví. Se acercó, me miró, dejó su mochila y un paraguas que colocó en mi mano y se fue corriendo. Volví a mi ser y me vi muy mojada, con un paraguas y sentada en el suelo. Me levanté y me puse mi mochila. Al principio me asusté porque ya era de noche. Miré el reloj: las siete y media, pero, ¿dónde estaba? Jamás había visto un lugar así… Volví a oír mi nombre, me volví y allí estaba él, con un corazón en la mano y un cuchillo en la otra. Corrí para pararle pero no llegué a tiempo. Noté un dolor profundo en mi corazón y me caí. Sentí que me cogían entre dos personas por los brazos y me levantaban. Vi todo oscuro, pensé que me moría y no sé más.
Me contaron que Pablo fue quien me encontró tirada en el suelo de la plaza y que fue a buscar ayuda. Volvió con Jon al cabo de unos minutos y me vieron, muy pálida, delirando y con mucha fiebre. Jon me cogió como a un bebé en sus brazos después de que me desmayase y me llevó a su casa para que me viese su madre (que es médico). Luego me trasladaron al hospital.
Cuando me desperté, le vi sentado en una silla a mi lado, haciendo sus deberes. Le observé durante un buen rato. Cuando terminó, me miró y se levantó de golpe. Se sentó a mi lado y me abrazó, dándome las gracias por no morirme. Cuando salí del hospital, tenía muchas cartas de amor que Jon me había escrito mientras tanto. Leí todas y en una de ellas ponía para que saliésemos juntos. Me llamó al móvil y me dijo…
CONTINUARÁ
Miryam Núñez