Archivo de Noviembre 2007

Primera visita a Uribe Costa.

Noviembre 27, 2007

El pasado Jueves 15 de Noviembre Ana Escauriaza y yo fuimos al centro de Uribe Costa.

Nada más llegar las personas voluntarias nos presentaron a los enfermos. A cada una de nosotras nos asignaron  uno de ellos.

 A Ana le tocó Irune, ella hablaba pero cuando le hacías una pregunta no te contestaba, lo que hacía era cantar y mover la cabeza como si estuviese bailando. Irune andaba con dificultad,  pero con una pequeña ayuda podía hacerlo bastante bien.

Al contrario la que me asignaron a mí no hablaba y no podía moverse por lo que había que transportarle en una silla de ruedas. Su nombre era Argiñe. Solo sonreía cuando la chica voluntaria encargada de ese grupo le cantaba.

El trabajo consistía en darles de comer y si daba tiempo  lavarles los dientes. Aquel día había para comer vainas o pure, huevo cocido y por último, de postre, fruta, yogurt e infusión.

Irune comía bastante bien, aunque había momentos en los que se distraía con la música. Argiñe no comía demasiado bien, al principio le serví unas pocas vainas pero ella se negaba a comérselas de manera que le puse un plato de pure y tardó un rato en comérselo pero al final conseguí dárselo.

En esta situación aprendimos a ayudar a las personas que lo necesitan. Fué una experiencia inolvidable.

Almudena Lecanda Ispizua.

Para quien quiera conocerme mejor

Noviembre 25, 2007

Me gusta la brisa fresca de la mañana, comer galletas, bañarme en el mar un dia caluroso de verano, dormir la siesta, el helado de vainilla, el primer dia de invierno, mi chaqueta con el interior cubierto de pelo, ir en moto mientras observo el precioso paisaje, montar a caballo, conversar con mis amigas.    

Me gusta ir a la peluqueria, saltar en una cama elástica, el riesgo, ver a los patos en un estanque, el olor de la hierba después de llover, los gatos que no huyen al verme.

Me encanta ver como juegan los niños en el parque, pintar con los dedos, sentir fluir la sangre por mis venas al ver a esa persona especial, las hambuerguesas con queso, ir al cine y comer palomitas, vivir al límite, pensar solo en el momento y no en el futuro, aunque sé que no está bien, reir bajo la lluvia, comer bajo un árbol, pensar en la persona a la que quiero, hacer un bizcocho de chocolate, divertirme durante horas, que me susurren palabras bonitas al oído. Me gusta sentirme querida, recordar buenos momentos.

No me gusta que me molesten, que me quiten el material y la merienda del cole, que me castiguen, que me hable mucha gente a la vez, recordar malos momentos, que chupen mis bolígrafos, que mis amigas me den la espalda y no puedas contar con ellas cuando más lo necesitas, la gente que se compra un animal y luego lo abandona, las fronteras y los visados.

Detesto las motos que hacen demasiado ruido, ir a los toros, comer cocido el lunes por la mañana, hacer daño sin querer a la persona que quieres y viceversa, los niños que no dejan de llorar, los perros que no dejan de ladrar, la gente falsa y que solo critica, que me estornuden en la cara, que me prometan cosas y luego no las cumplan, estar cansada y no poder coinciliar el sueño, la caza, perder objetos y personas a las que aprecias.

                 

                                                                                                                                    Nerea Alvariño Mañes 4º ESO C

                                                                                           

Amor secreto (2ª parte)

Noviembre 5, 2007

Después de recuperarme de una grave pulmonía, fui a casa donde, encima de mi escritorio, encontré cinco cartas de amor. Dos eran de Jon: una decía que me iba a llamar y en la otra había poemas. Las otras tres eran de otros chicos diferentes que me pedían que me curase. Después de leer la última carta, empezó a sonar la música de Avril Lavigne en mi móvil. Cogí:

-Si, ¿Quién es?

-Eh… hola… soy Jon. ¿Podemos quedar para hablar mañana a las cinco en el cajero de la BBK?

-¿No me lo puedes decir ahora?

-No, prefiero a la cara.

-Vale, pues allí estaré. Adiós…

A las cinco, más o menos, me encontraba apoyada en los muros que sostenían el cajero de la BBK. Un ciclista se paró enfrente de mi, se bajó, me tendió la mano  y subí. Me senté y me agarré fuertemente a su cuerpo. Él colocó sus pies en los pedales y nos pusimos en marcha. Tras un largo rato de viaje, paró la bicicleta y me bajé. Estábamos en la playa. Nos sentamos en la arena no antes de que él colocara encima una especie de mantel. Sacó un montón de cosas para merendar de la mochila que había llevado al hombro.

-¿Tienes hambre?

-Un poco.

-Pues adelante, come cuanto quieras.

Después de merendar, fuimos a las rocas donde el agua ya empezaba a salpicar, pero a nosotros no nos importó. Nos pusimos a buscar cangrejos . Sólo encontramos uno que tuvimos que soltar rápidamente porque parecía enfadado. Volvimos al mantel, nos sentamos y vimos al atardecer. Jon cogió aire y me dijo:

-Oye… esto… verás…

-Estáte tranquilo. Suéltalo.

-Me gustaría que fueses mi… mi mejor amiga para… para conocerte mejor.

-Bueno… vale.

-Pero lo primero, quiero pedirte perdón por haberte tratado tan mal.

-No te preocupes, mi friend.

-Gracias.

La verdad es que me llevé una desilusión, pero bueno, me aguanté porque por lo menos estaba a su lado. Pasaron los días y por fin llegó el lunes. Pude volver a ver a mis amigas. Las semanas pasaban rápido, cada vez nos conocíamos mejor. Me dijo que le parecía una chica guapa e inteligente. Luego me contó que estaba preocupado por un tema que a mí me puso muy nerviosa. Al parecer, le gustaba una chica (no me dijo quién era) y lo malo era que estaba saliendo con otra a la que no conseguía dejar.

Viernes. Terminó el cole y me llegó un sms. Era Jon, que a ver si quería ir con él al cine, a ver “Saw IV”. Le contesté que vale, que sería divertido. Fui a casa, me cambié de ropa, me maquillé, hice los deberes y a las seis en punto estaba en su portal esperando a que bajara. A las seis y diez bajó ¡Por fin! Pensaba que al final no íbamos a ir. Le miré, no sé, le vi decaído.

-¿Te pasa algo?

-¿Eh? ¡Ah! Es que mi novia, la he visto liarse con otro delante de mis narices, por lo que he cortado con ella.

-Pues bien que hayas cortado. Sólo necesitabas una excusa ¿No?

-Si y no. Ya el chico con el que se ha liado me quiere matar por no querer volver con ella.

Le abracé, le dije que no se preocupara, que si le pegaba, yo me la cargaba a ella. Observé que se animaba poco a poco. Llegamos al cine, pedimos las entradas, compramos palomitas y unos kases. La película no estaba mal, aunque había alguna escena que me hizo agarrarme a Jon con bastante fuerza y él, para tranquilizarme, me puso el brazo en la espalda para que no mirara hasta que pasase. Salimos del cine tranquilamente. Él estaba sonriendo al verme salir con cara de asustada. La verdad es que la película era muy macabra. Me cogió con un brazo por el cuello. Con su otra mano me despeinó, nos reímos, me peiné y, sobre todo, me puse colorada. Creo que se dio cuenta. ¡Qué vergüenza!

De repente, se acercó un chico, el cual parecía estar fuerte y le metió un puñetazo a Jon en el estómago. Al principio pensé que eran amigos y estaban jugando, pero cuando vi la cara tan enfadada de Jon, comprendí que ese era el chico que le había amenazado. Como no sabía qué hacer, llamé a mis amigas para que llamaran a sus amigos y vinieran a defenderle. Diez minutos más tarde, aparecieron mis amigas y los amigos de Jon, e intentaron espantar al matón. Pero los amigos de éste también aparecieron. El fuerte volvió a intentar pegarle a Jon, pero esta vez una de mis compañeras, que daba la casualidad de que sabía defensa personal, le paró el puñetazo y le hizo una llave de judo que le dejó en el suelo. El matón se sintió tan avergonzado que se fue lo más rápido posible.

-¿Y eso dónde lo ha aprendido?- preguntó Javi.

-Bueno, es que estuve dando judo durante un par de años- contó mi amiga.

-Gracias- le dijo Jon.

Al final, por hacer algo, merendamos una wopper y fuimos a dar una vuelta por la playa.

-¿Jugamos un partido de fútbol chicos contra chicas?- preguntó Javi.

-Vale, pero nosotras ganamos el campeonato femenino de colegios jugando a fútbol- contó Marta.

-Nosotros somos terceros por la cola, pero será un placer- contó Gabriel.

-¿Y la pelota?- preguntó Katy. Javi abrió su mochila y sacó una pelota de fútbol. Me descalcé mientras que los chicos hacían una portería con sus jerseys. Después de jugar durante unas horitas, caímos cansados sobre la arena y vimos la puesta de sol. El cielo estaba medio azul claro y medio azul oscuro y en la parte del azul claro, que era por donde se metía el sol, también estaba rosado. Era muy bonito. Sin previo aviso, noté que alguien pasaba su brazo por mi cuello hasta llegar a mi hombro y lo dejaba colgando. Miré a ver quién es… ¡Era Jon! Se me estaban subiendo los colores otra vez, acercó su boca a mi oído y me susurró:

-Tranquila, no te pongas roja que si no yo también me voy a poner. Hoy estás muy guapa.

-Gracias… Te estás poniendo rojo.

-Me gusta el olor de tu nuevo perfume y ese nuevo color de raya azul más claro te sienta bien.

-Jejeje… No hay muchos chicos que se den cuenta de tantos cambios. Gracias, eres un buen amigo.

-¿Sólo amigos? No me gusta.

Apoyé mi cabeza en su hombro y él me besó la frente.

Era la hora de la cena y yo estaba en mi cuarto hablando con mis amigas por el messenger, mientras que mi madre me gritaba que lo dejara ya. Me despedí y fui a cenar. La verdad era que no tenía mucha hambre, ya que estaba llena con tantas emociones. Cené un poquito de arroz, una tortilla y una manzana. Luego, mi padre bendijo lo que habíamos cenado y fuimos corriendo al salón a ver la tele.

Por la mañana empezó a sonar mi móvil. ¿Quién sería? Bajé a desayunar y volvió a sonar mi móvil. Cogí, escuché, colgué, fui a donde mi madre y ella dijo que sí. ¡Jon me había invitado a su casita de campo a pasar la noche, dormir y todo! Me puse un vestido que me llegaba por las rodillas de color azul. A las doce ya estábamos en su casita del campo. Su madre nos había traído. Jon y yo nos pasamos el día en su bici, monte arriba, monte abajo.

A las nueve, su madre nos llamó a cenar. Su mamá era una gran cocinera. Después de cenar, me cogió de la mano y me llevó fuera a ver las estrellas.

-Estás preciosa. Te he traído aquí porque me parecía el lugar más apropiado para un par de enamorados.

-¿Enamorados? ¿Quién?

-Tú y yo. Yo sé que te gusto desde hace mucho, al igual que tú a mí, pero me daba vergüenza decírtelo.

-Es normal, no te preocupes.

Se acercaron su cabeza y la mía, se juntaron nuestras narices, giró un poco la cabeza y me besó.

-Te quiero- me dijo -, siempre me has gustado. Toma esto, es para ti.

Abrí el regalo y saqué unas orquillas muy bonitas de flores. Me las puse.

-Te quedan muy bien.

-Yo también te quiero.

Nos besamos otra vez pero con más pasión. 

                                                                                                                                                                   Miryam Núñez