Creo que fue amor a primera vista. Le vi acercarse hacia mí lentamente aquella calurosa tarde de hace ya más de tres años. No sé qué es lo que realmente me enamoró más de él, quizá fuera su precioso pelo castaño, o posiblemente su estilosa forma de andar. Le invité a pasar una semana con nosotros, y aunque mis padres no estaban muy convencidos terminaron accediendo.Cuando llegó a casa yo estaba en el colegio así que mi madre se encargó de recibirle. Más tarde llegué yo, estaba en el salón, se mostraba vergonzoso y mi madre estaba preocupada, decía que era poco amistoso y que parecía no gustarle la comida. Dormía en el salón y obedecía todas las instrucciones de mi madre, era perfecto. Por las noches intentaba colarse en la habitación de mis padres, y ellos no estaban por la labor de que entrase.Al final, al pasar la semana, no podía hacerme a la idea de que se iba a ir ya a su casa. No podía imaginar no poder ver sus ojitos azules al amanecer. Finalmente conseguí convencer a mis padres y adoptamos al precioso gatito que me está dando calor y me está mirando ahora mismo.
Alvariño Mañes 4ºC
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FUE AMOR A PRIMERA VISTA
Febrero 12, 2008Amor secreto (2ª parte)
Noviembre 5, 2007Después de recuperarme de una grave pulmonía, fui a casa donde, encima de mi escritorio, encontré cinco cartas de amor. Dos eran de Jon: una decía que me iba a llamar y en la otra había poemas. Las otras tres eran de otros chicos diferentes que me pedían que me curase. Después de leer la última carta, empezó a sonar la música de Avril Lavigne en mi móvil. Cogí:
-Si, ¿Quién es?
-Eh… hola… soy Jon. ¿Podemos quedar para hablar mañana a las cinco en el cajero de la BBK?
-¿No me lo puedes decir ahora?
-No, prefiero a la cara.
-Vale, pues allí estaré. Adiós…
A las cinco, más o menos, me encontraba apoyada en los muros que sostenían el cajero de la BBK. Un ciclista se paró enfrente de mi, se bajó, me tendió la mano y subí. Me senté y me agarré fuertemente a su cuerpo. Él colocó sus pies en los pedales y nos pusimos en marcha. Tras un largo rato de viaje, paró la bicicleta y me bajé. Estábamos en la playa. Nos sentamos en la arena no antes de que él colocara encima una especie de mantel. Sacó un montón de cosas para merendar de la mochila que había llevado al hombro.
-¿Tienes hambre?
-Un poco.
-Pues adelante, come cuanto quieras.
Después de merendar, fuimos a las rocas donde el agua ya empezaba a salpicar, pero a nosotros no nos importó. Nos pusimos a buscar cangrejos . Sólo encontramos uno que tuvimos que soltar rápidamente porque parecía enfadado. Volvimos al mantel, nos sentamos y vimos al atardecer. Jon cogió aire y me dijo:
-Oye… esto… verás…
-Estáte tranquilo. Suéltalo.
-Me gustaría que fueses mi… mi mejor amiga para… para conocerte mejor.
-Bueno… vale.
-Pero lo primero, quiero pedirte perdón por haberte tratado tan mal.
-No te preocupes, mi friend.
-Gracias.
La verdad es que me llevé una desilusión, pero bueno, me aguanté porque por lo menos estaba a su lado. Pasaron los días y por fin llegó el lunes. Pude volver a ver a mis amigas. Las semanas pasaban rápido, cada vez nos conocíamos mejor. Me dijo que le parecía una chica guapa e inteligente. Luego me contó que estaba preocupado por un tema que a mí me puso muy nerviosa. Al parecer, le gustaba una chica (no me dijo quién era) y lo malo era que estaba saliendo con otra a la que no conseguía dejar.
Viernes. Terminó el cole y me llegó un sms. Era Jon, que a ver si quería ir con él al cine, a ver “Saw IV”. Le contesté que vale, que sería divertido. Fui a casa, me cambié de ropa, me maquillé, hice los deberes y a las seis en punto estaba en su portal esperando a que bajara. A las seis y diez bajó ¡Por fin! Pensaba que al final no íbamos a ir. Le miré, no sé, le vi decaído.
-¿Te pasa algo?
-¿Eh? ¡Ah! Es que mi novia, la he visto liarse con otro delante de mis narices, por lo que he cortado con ella.
-Pues bien que hayas cortado. Sólo necesitabas una excusa ¿No?
-Si y no. Ya el chico con el que se ha liado me quiere matar por no querer volver con ella.
Le abracé, le dije que no se preocupara, que si le pegaba, yo me la cargaba a ella. Observé que se animaba poco a poco. Llegamos al cine, pedimos las entradas, compramos palomitas y unos kases. La película no estaba mal, aunque había alguna escena que me hizo agarrarme a Jon con bastante fuerza y él, para tranquilizarme, me puso el brazo en la espalda para que no mirara hasta que pasase. Salimos del cine tranquilamente. Él estaba sonriendo al verme salir con cara de asustada. La verdad es que la película era muy macabra. Me cogió con un brazo por el cuello. Con su otra mano me despeinó, nos reímos, me peiné y, sobre todo, me puse colorada. Creo que se dio cuenta. ¡Qué vergüenza!
De repente, se acercó un chico, el cual parecía estar fuerte y le metió un puñetazo a Jon en el estómago. Al principio pensé que eran amigos y estaban jugando, pero cuando vi la cara tan enfadada de Jon, comprendí que ese era el chico que le había amenazado. Como no sabía qué hacer, llamé a mis amigas para que llamaran a sus amigos y vinieran a defenderle. Diez minutos más tarde, aparecieron mis amigas y los amigos de Jon, e intentaron espantar al matón. Pero los amigos de éste también aparecieron. El fuerte volvió a intentar pegarle a Jon, pero esta vez una de mis compañeras, que daba la casualidad de que sabía defensa personal, le paró el puñetazo y le hizo una llave de judo que le dejó en el suelo. El matón se sintió tan avergonzado que se fue lo más rápido posible.
-¿Y eso dónde lo ha aprendido?- preguntó Javi.
-Bueno, es que estuve dando judo durante un par de años- contó mi amiga.
-Gracias- le dijo Jon.
Al final, por hacer algo, merendamos una wopper y fuimos a dar una vuelta por la playa.
-¿Jugamos un partido de fútbol chicos contra chicas?- preguntó Javi.
-Vale, pero nosotras ganamos el campeonato femenino de colegios jugando a fútbol- contó Marta.
-Nosotros somos terceros por la cola, pero será un placer- contó Gabriel.
-¿Y la pelota?- preguntó Katy. Javi abrió su mochila y sacó una pelota de fútbol. Me descalcé mientras que los chicos hacían una portería con sus jerseys. Después de jugar durante unas horitas, caímos cansados sobre la arena y vimos la puesta de sol. El cielo estaba medio azul claro y medio azul oscuro y en la parte del azul claro, que era por donde se metía el sol, también estaba rosado. Era muy bonito. Sin previo aviso, noté que alguien pasaba su brazo por mi cuello hasta llegar a mi hombro y lo dejaba colgando. Miré a ver quién es… ¡Era Jon! Se me estaban subiendo los colores otra vez, acercó su boca a mi oído y me susurró:
-Tranquila, no te pongas roja que si no yo también me voy a poner. Hoy estás muy guapa.
-Gracias… Te estás poniendo rojo.
-Me gusta el olor de tu nuevo perfume y ese nuevo color de raya azul más claro te sienta bien.
-Jejeje… No hay muchos chicos que se den cuenta de tantos cambios. Gracias, eres un buen amigo.
-¿Sólo amigos? No me gusta.
Apoyé mi cabeza en su hombro y él me besó la frente.
Era la hora de la cena y yo estaba en mi cuarto hablando con mis amigas por el messenger, mientras que mi madre me gritaba que lo dejara ya. Me despedí y fui a cenar. La verdad era que no tenía mucha hambre, ya que estaba llena con tantas emociones. Cené un poquito de arroz, una tortilla y una manzana. Luego, mi padre bendijo lo que habíamos cenado y fuimos corriendo al salón a ver la tele.
Por la mañana empezó a sonar mi móvil. ¿Quién sería? Bajé a desayunar y volvió a sonar mi móvil. Cogí, escuché, colgué, fui a donde mi madre y ella dijo que sí. ¡Jon me había invitado a su casita de campo a pasar la noche, dormir y todo! Me puse un vestido que me llegaba por las rodillas de color azul. A las doce ya estábamos en su casita del campo. Su madre nos había traído. Jon y yo nos pasamos el día en su bici, monte arriba, monte abajo.
A las nueve, su madre nos llamó a cenar. Su mamá era una gran cocinera. Después de cenar, me cogió de la mano y me llevó fuera a ver las estrellas.
-Estás preciosa. Te he traído aquí porque me parecía el lugar más apropiado para un par de enamorados.
-¿Enamorados? ¿Quién?
-Tú y yo. Yo sé que te gusto desde hace mucho, al igual que tú a mí, pero me daba vergüenza decírtelo.
-Es normal, no te preocupes.
Se acercaron su cabeza y la mía, se juntaron nuestras narices, giró un poco la cabeza y me besó.
-Te quiero- me dijo -, siempre me has gustado. Toma esto, es para ti.
Abrí el regalo y saqué unas orquillas muy bonitas de flores. Me las puse.
-Te quedan muy bien.
-Yo también te quiero.
Nos besamos otra vez pero con más pasión.
Miryam Núñez
Amor secreto
Octubre 15, 2007 Lo mejor será que empiece desde el principio.
Un sábado, como otros muchos, se encontraban las calles mojadas pues no había dejado de llover en todo el día. Mis amigas y yo decidimos ir al cine del centro comercial. Compramos las entradas de la película “Eragon” (es que a mis amigas les gustaba el protagonista) palomitas y chucherías. Nos sentamos en la última fila del cine y a mi lado se colocó un chico que había venido con sus amigos. Maite, al verles, pasó por delante de ellos y tiró su bolsa de gominolas disimuladamente. Uno de ellos, para burlarse , le dijo que se apartara, que no les dejaba ver la película porque era una gorda. Maite, muy ofendida, se volvió a su asiento. Irene , que es muy guapa, les pidió sus Messenger y ellos se los dieron. Luego, preguntaron por los nuestros.
En cuanto terminó la película, nos fuimos corriendo al “Eroski” a comprarnos unos bollos. Salimos del centro comiéndonoslos y justo estaban ellos fuera.
Cuando llegué a casa, me conecté a mi Messenger y comprobé que uno de los chicos también estaba conectado, así que estuvimos un rato hablando. Luego, me despedí porque mi madre me requería en el salón.
Al día siguiente me conecté sobre las cuatro y hablé con mis amigas. A las cinco estábamos en la plaza hablando de nuestras cosas. A las seis, aparecieron esos chicos que se sentaron cerca de nosotros. A Irene le dio por hablar con ellos por lo que tuvimos que presentarnos. El chico con el que había hablado por el Messenger, se llamaba Jon y era un año mayor que yo. Era como cualquier chico: pelo marrón claro con brillos y ojos marrones. De anchura era normal y medía un poco más que yo. Me pareció un chico agradable y majo, aunque lo malo fue que, ese día, sin querer, me rompió uno de los bolsillos de mi chaqueta preferida. Lo veía todos los fines de semana.
Un día Jon me pidió para salir y yo acepté encantada. El viernes a las siete en la fuente de la plaza. Lo malo fue que mi madre me castigó todo el fin de semana por decir un taco, así que le mandé un sms excusándome (me apené tanto que no volví a hablar en toda la semana siguiente). Él me llamó y me dijo que era una pena, que se había preparado para la ocasión
Desde que le vi me enamoré de él. Él fue mi primer amor. A la semana siguiente, (que no pude quedar por un bautizo que tuve), me llamó Irene al móvil. Estuvimos un rato hablando. Yo le dije que estaba rara y ella me contó que había ocurrido algo horrible que a mí me iba a fastidiar mucho. Le dije que me contase, porque estaba muy intrigada. Pues parece ser, que entre esos chicos hicieron una apuesta para ver quién conseguía salir conmigo. Un acto deshonrado por su parte.
Creí que jamás se lo iba a perdonar, pero al cabo de dos semanas empecé a excusarle diciendo que no había sido culpa suya. Aún recuerdo cuando mis ojos se llenaron de lágrimas.Desde entonces, cada vez que me venía la inspiración, escribía un poema de desamor. Sé que mi historia es algo triste pero ahí no acaba. Después de un año seguía pensando en él, uno de los días pasó por delante de mí. Se puso un poco colorado y yo muy nerviosa, pues mi corazón se puso a palpitar a cien por hora. Fue algo increíble. Era como estar en un cuento de hadas. Esa tarde me conecté y hablé con él, como siempre, muy majo. Le pregunté por la apuesta. Él me contestó que no me iba a contar nada, por lo que me enfadé y le dije que no tenía lo que había que tener para decírmelo. Él me respondió que me lo diría si le salía de la “nariz”. Al final, me preguntó si quería saberlo porque me iba a hacer daño. Yo le dije con insistencia que sí.
Parecía ser que, uno de sus amigos, le dijo que le daría cinco euros si se liaba conmigo y aceptó. Pero después de una semana decidió darle los cinco euros y puso la excusa de que yo no le gustaba. Ese “gustaba” me hizo reír podía significar que le gusto… (suspiro).
A la mañana siguiente, hablé con él cara a cara. Le dije que estaba harta de nuestro comportamiento, que parecíamos críos de parvulario con tanta tontería. Por último, se me escapó y le dije que le quería. Mi cara se puso roja como un tomate, por lo que bajé la cabeza. Pasaron unos minutos y, sin decir nada, se fue. Le grité que era un idiota, que le gustaba hacer daño a otras personas. Las lágrimas asomaron por mis ojos, él me miró y siguió su camino. Me empecé a encontrar mal y me dio un bajón de autoestima y otro de tensión. Me quedé en el suelo sentada sobre mis piernas sin poder moverme. Después de lo que a mí me parecieron un par de segundos (en verdad fueron cuarenta minutos), comenzó a llover con intensidad. Mi pelo se quedó pegado a mi rostro, el maquillaje se me iba poco a poco, el rimel se corría por mis mejillas. Noté que alguien me llamaba por mi nombre, pero no me moví. Se acercó, me miró, dejó su mochila y un paraguas que colocó en mi mano y se fue corriendo. Volví a mi ser y me vi muy mojada, con un paraguas y sentada en el suelo. Me levanté y me puse mi mochila. Al principio me asusté porque ya era de noche. Miré el reloj: las siete y media, pero, ¿dónde estaba? Jamás había visto un lugar así… Volví a oír mi nombre, me volví y allí estaba él, con un corazón en la mano y un cuchillo en la otra. Corrí para pararle pero no llegué a tiempo. Noté un dolor profundo en mi corazón y me caí. Sentí que me cogían entre dos personas por los brazos y me levantaban. Vi todo oscuro, pensé que me moría y no sé más.
Me contaron que Pablo fue quien me encontró tirada en el suelo de la plaza y que fue a buscar ayuda. Volvió con Jon al cabo de unos minutos y me vieron, muy pálida, delirando y con mucha fiebre. Jon me cogió como a un bebé en sus brazos después de que me desmayase y me llevó a su casa para que me viese su madre (que es médico). Luego me trasladaron al hospital.
Cuando me desperté, le vi sentado en una silla a mi lado, haciendo sus deberes. Le observé durante un buen rato. Cuando terminó, me miró y se levantó de golpe. Se sentó a mi lado y me abrazó, dándome las gracias por no morirme. Cuando salí del hospital, tenía muchas cartas de amor que Jon me había escrito mientras tanto. Leí todas y en una de ellas ponía para que saliésemos juntos. Me llamó al móvil y me dijo…
CONTINUARÁ
Miryam Núñez
Cuéntame un cuento y verás que contento
Septiembre 13, 2007